
Santiago Peña reconoció en distintas rendiciones de cuentas que la salud pública seguía siendo una de las principales deudas de su administración. Habló de un “dolor en el alma” y de un “desafío”, pero a tres años de gobierno continúan los reclamos por falta de medicamentos, insumos, profesionales y mejores condiciones de atención.
La salud pública se convirtió en uno de los puntos más sensibles del gobierno de Santiago Peña. El propio presidente reconoció en reiteradas ocasiones que los resultados en esta área estaban lejos de satisfacer las expectativas de su administración.
En sus informes de gestión y apariciones públicas, Peña utilizó expresiones como “un dolor en el alma” y señaló a la salud como uno de los principales “desafíos” pendientes, diferenciándola de otras áreas en las que aseguraba haber registrado avances.
Sin embargo, tres años después del inicio de su mandato, los problemas estructurales continúan formando parte de la agenda pública: denuncias por falta de medicamentos e insumos, dificultades en hospitales, reclamos salariales y medidas de fuerza de profesionales médicos.
La crisis adquirió especial gravedad luego de los casos de muertes de recién nacidos registrados en hospitales públicos, episodios que provocaron fuertes cuestionamientos a la conducción del Ministerio de Salud y pedidos de destitución de la ministra María Teresa Barán.
Pese a esos cuestionamientos, Barán continúa al frente de la cartera sanitaria y mantiene el respaldo del presidente.
En los últimos días, además, el conflicto con el gremio médico volvió a exponer las dificultades del sistema. Los profesionales reclaman mejores condiciones laborales y salariales, mientras el Ejecutivo intenta alcanzar un acuerdo que permita evitar nuevas huelgas.
Así, las propias declaraciones del mandatario realizadas durante estos tres años contrastan con una realidad que continúa marcada por reclamos y deficiencias en el sistema público de salud.



