
El exintendente de Lambaré, Guido González, busca posicionarse nuevamente en la carrera electoral mediante encuestas que lo presentan con una amplia ventaja frente a sus adversarios. Sin embargo, los números que promociona contrastan con el estado en que quedó la ciudad y con los numerosos cuestionamientos que rodean a su administración.
Durante su gestión, Lambaré siguió enfrentando calles destruidas, deficiencias en la recolección de residuos, falta de iluminación, zonas inundables y obras que, pese a las millonarias inversiones anunciadas, no resistieron el paso del tiempo.
Uno de los hechos más graves fue la muerte de dos personas que fueron arrastradas por un raudal. Familiares y ciudadanos sostuvieron que la tragedia pudo haberse evitado con obras adecuadas, mantenimiento de la infraestructura y una política municipal de prevención más eficiente.
A este escenario se suman denuncias por supuestas irregularidades en el manejo de los recursos municipales. Varias de ellas permanecen sin avances significativos en el Ministerio Público, lo que alimenta la percepción de impunidad y falta de transparencia.
Una investigación periodística reveló además que la Municipalidad de Lambaré
Una investigación periodística reveló además que la Municipalidad de Lambaré tendría cerca de 1.000 personas vinculadas a su estructura de funcionarios, aunque solamente unas 265 figurarían como funcionarios formales.
El dato abre serios interrogantes sobre los mecanismos de contratación, el manejo de la millonaria planilla salarial y la posible incorporación de operadores políticos sin la suficiente transparencia administrativa.
Mientras los vecinos reclamaban calles transitables, limpieza, iluminación y servicios básicos, la administración municipal habría sostenido una estructura de personal completamente desproporcionada. Los cuestionamientos apuntan a que la prioridad no habría sido mejorar la calidad de vida de los lambareños, sino mantener una maquinaria política financiada con dinero público.
Otro de los puntos más cuestionados es la adjudicación de obras por más de G. 23.000 millones a una sola empresa. Pese al volumen de recursos comprometidos, numerosos ciudadanos aseguran que los trabajos no son visibles o que tuvieron que ser reparados y “parchados” poco tiempo después de su ejecución.
Esto habría generado nuevos gastos y otra facturación para una Municipalidad que ya enfrenta serios problemas financieros.
La Dirección Nacional de Contrataciones Públicas también solicitó la apertura de un sumario relacionado con una de las empresas beneficiadas durante la administración de González, aumentando las dudas sobre los procedimientos, la calidad de las obras y la utilización de los recursos municipales.
A este escenario se suma una deuda que rondaría los USD 15 millones. González intentó deslindarse argumentando que no correspondía a su administración asumir compromisos contraídos anteriormente.
Sin embargo, las deudas pertenecen a la institución y no desaparecen con el cambio de un intendente. Quien asume la conducción de una Municipalidad debe ordenar las finanzas, garantizar su funcionamiento y evitar que las obligaciones terminen afectando a los contribuyentes.
El balance de su administración continúa rodeado de dudas: obras millonarias que no se perciben, trabajos que tuvieron que ser reparados, una estructura de funcionarios que debe ser aclarada, deudas acumuladas, tragedias que pudieron prevenirse y denuncias que siguen sin respuestas.
Ahora, el exintendente busca instalar encuestas que lo muestran como un candidato ampliamente ganador. Pero ninguna cifra difundida puede ocultar las calles destruidas, las obras deficientes, el endeudamiento y el abandono que los lambareños enfrentan diariamente.
Antes de pedir nuevamente la confianza de la ciudadanía, Guido González debe explicar qué ocurrió con los millones destinados a obras, quiénes integran la estructura de casi 1.000 funcionarios, por qué solamente unos 265 serían formales y cómo pretende presentarse como una alternativa de futuro cuando su administración forma parte de los problemas que Lambaré todavía necesita superar.



