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CELESTE AMARILLA, SENADORA O “MODELO”?

Cuando la arrogancia desfila en pasarela pública

CELESTE AMARILLA, SENADORA O “MODELO”?

Cuando la arrogancia desfila en pasarela pública

Por Lili Britez – Periodista

La senadora Celeste Amarilla vuelve a ocupar titulares, esta vez no por su gestión legislativa —porque habría poco que destacar— sino por organizar una feria de garaje con los atuendos que usó en el Congreso. Bajo el nombre de “Edición Outfits Congreso”, la legisladora subastará su ropa el sábado 31 en el barrio Santísima Trinidad, de 10 a 17 horas. Lo que no aclara —y debería— es qué destino tendrán los fondos recaudados. Porque si de transparencia hablamos, eso también es parte de la función pública.

Celeste no pierde oportunidad de recordarnos que sus prendas no están al alcance de la mujer común. Ella alardea de una vida de lujos, asegurando que es millonaria y que su nivel de vida “habla por sí solo”. Pues bien, en un país con miles de mujeres en situación de vulnerabilidad, niños fuera del sistema escolar y jóvenes atrapados por el analfabetismo funcional, que una senadora monte una feria de ropas con aires de pasarela es, como mínimo, insultante.

Lo que molesta no es que venda su ropa, sino el tono soberbio con el que lo hace. Celeste Amarilla se cree distinta. Pero, ¿distinta por qué? ¿Por tener más plata? Porque de sangre azul no es. De la realeza, tampoco. Y su formación académica no la distingue como una líder ejemplar. Si algo tiene, es suerte. Mucha suerte. La misma que no tienen el 98% de las paraguayas que lucha todos los días por sobrevivir con dignidad.

Como figura pública, Amarilla debería ser ejemplo. Pero el mensaje que transmite con su “edición Congreso” es que el poder sirve para presumir, no para servir. Si realmente quiere marcar una diferencia, que organice actividades solidarias para mujeres en riesgo, para niños sin acceso a educación, para adolescentes que siguen invisibles en las estadísticas oficiales.

Tal vez sería hora de que la senadora consuma un poco de “ubicol”, ese remedio que cura la desconexión con la realidad. O que se retire de la política y disfrute de su rol de millonaria desde Mónaco o Miami. Lo que no puede hacer es actuar como le place siendo servidora pública. Su actitud es ofensiva, arrogante y profundamente alejada del espíritu que debería tener una representante del pueblo.

Porque el dinero puede comprar vestidos de diseñador, pero no otorga ni cultura, ni empatía, ni decencia.

Y la política no es pasarela.

Lili Britez, periodista

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