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ASUNCIÓN EXPUSO LAS GRIETAS DEL COLORADISMO.

LA IMPOSICIÓN DE CANDIDATOS PASÓ FACTURA

La derrota de Camilo Pérez en la capital dejó al descubierto los límites de la estrategia electoral impulsada por Horacio Cartes y Santiago Peña. Aunque la ANR conquistó 187 intendencias, el resultado en Asunción evidenció que la estructura partidaria no siempre garantiza el respaldo a los candidatos elegidos por las cúpulas. Las politólogas Gisselle Costa y Agustina Falak advierten que tanto el oficialismo como la oposición deberán revisar sus estrategias rumbo al 2028.

Las elecciones municipales del pasado 4 de octubre dejaron un escenario contradictorio para el Partido Colorado. Mientras la Asociación Nacional Republicana (ANR) consolidó su predominio territorial al conquistar 187 de las 263 intendencias del país, sufrió derrotas significativas en centros urbanos estratégicos, principalmente Asunción y Ciudad del Este.

Pero más allá de los resultados electorales, la caída de Camilo Pérez en la capital puso en evidencia las tensiones internas que atraviesa el oficialismo y abrió un debate sobre la influencia de Horacio Cartes y Santiago Peña en la selección de candidatos.

Las politólogas Gisselle Costa y Agustina Falak sostienen que la crisis interna colorada no nació con la derrota electoral, sino que encuentra sus antecedentes en las decisiones estratégicas adoptadas antes de los comicios.

LA ESTRATEGIA DE PEÑA Y CARTES ENFRENTÓ SUS LÍMITES

Según el análisis de ambas especialistas, el oficialismo decidió convertir las elecciones municipales en una demostración de fuerza política nacional, proyectando la gestión del Gobierno y el liderazgo de sus principales referentes hacia una competencia que debía concentrarse en los problemas locales.

La candidatura de Camilo Pérez representó uno de los ejemplos más visibles de esa estrategia.

Su postulación fue respaldada por Cartes y Peña, pero la decisión no consiguió traducirse en un acompañamiento suficiente del electorado capitalino.

La apuesta consistía en trasladar el respaldo obtenido por el oficialismo en las elecciones presidenciales de 2023 al escenario municipal de 2026. Sin embargo, una parte de los votantes demostró que sus preferencias nacionales no necesariamente determinan sus decisiones locales.

Las necesidades de una ciudad, su administración, los servicios públicos y la identificación con los candidatos terminaron formando parte de una evaluación electoral diferente.

EL VOTO CRUZADO REVELÓ UNA FRACTURA

Uno de los datos más significativos de los comicios en Asunción fue la diferencia entre los votos obtenidos por Camilo Pérez y los correspondientes a las listas coloradas para la Junta Municipal.

Mientras Pérez alcanzó 128.301 votos, la lista de concejales de la ANR consiguió 149.231 sufragios, según los resultados preliminares.

La diferencia superó los 20.000 votos, una señal de que parte del electorado acompañó al Partido Colorado para la Junta Municipal, pero eligió una alternativa diferente para la Intendencia.

Este comportamiento demuestra que la identidad partidaria puede mantenerse sin traducirse automáticamente en respaldo al candidato principal.

El resultado también generó cuestionamientos internos sobre el acompañamiento de los dirigentes y reavivó las diferencias entre los sectores colorados.

GANAR 187 MUNICIPIOS NO GARANTIZA GANAR EN 2028

Aunque la ANR continúa contando con la mayor estructura territorial del país, Costa y Falak advierten que la cantidad de intendencias conquistadas no puede interpretarse como una garantía de respaldo presidencial.

Las elecciones municipales responden a demandas distintas de las nacionales.

En los municipios, los ciudadanos evalúan cuestiones inmediatas: recolección de basura, mantenimiento de calles, limpieza de desagües, servicios públicos y transparencia administrativa.

En una elección presidencial, en cambio, intervienen otros factores, como la economía, la seguridad, la política nacional y las propuestas de Gobierno.

Confundir ambos escenarios puede conducir a decisiones electorales equivocadas.

La fortaleza territorial del Partido Colorado continúa siendo relevante, pero los resultados de Asunción y Ciudad del Este muestran que su estructura tiene límites, especialmente cuando los electores separan sus preferencias partidarias de la evaluación de los candidatos.

LA OPOSICIÓN TAMBIÉN TIENE UNA ADVERTENCIA

El triunfo de Soledad Núñez en Asunción representa un resultado importante para los sectores opositores, pero tampoco garantiza una fórmula exitosa para las elecciones generales de 2028.

Una de las claves de la victoria capitalina fue la decisión de diferentes fuerzas políticas de respaldar una candidatura común.

El Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), pese a contar con una importante estructura territorial, aceptó acompañar una candidatura que no surgió directamente de sus filas.

Costa y Falak señalan que este modelo de coordinación constituye una experiencia relevante, pero advierten sobre el riesgo de que las futuras negociaciones opositoras prioricen nuevamente el peso de los partidos antes que la construcción de acuerdos.

La oposición enfrenta así el desafío de fortalecer su organización territorial, preservar la unidad y definir mecanismos de selección que contemplen tanto la estructura política como el respaldo ciudadano.

EL 2028 COMIENZA A DISPUTARSE DESDE AHORA

Los resultados municipales dejaron dos realidades políticas diferentes.

El Partido Colorado mantiene su predominio territorial, pero enfrenta tensiones internas y cuestionamientos sobre los mecanismos de selección de sus candidatos.

La oposición consiguió victorias importantes en centros urbanos, aunque deberá demostrar que puede transformar esas experiencias municipales en una organización política de alcance nacional.

El principal desafío para ambos sectores consiste en interpretar correctamente el mensaje de las urnas.

La elección de Asunción dejó una enseñanza que trasciende al coloradismo: tener una estructura poderosa no significa que los ciudadanos acompañarán automáticamente a cualquier candidato.

De cara al 2028, tanto el oficialismo como la oposición deberán resolver una pregunta central: ¿serán las cúpulas partidarias las que seguirán definiendo las candidaturas o se dará mayor participación a los liderazgos con respaldo ciudadano?

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